(Foto: Ruth Manrique, Marly Reátegui y Silvia Coblentz, las chicas LIBERTARIAS)
En 1991, en la encíclica Centesimus Annus, el papa Juan Pablo II observó que un sistema de mercado alienta las importantes virtudes de la "diligencia, laboriosidad, prudencia en la toma de riesgos razonables, responsabilidad y lealtad en las relaciones interpersonales, como así también el coraje en la ejecución de decisiones que son difíciles pero necsarias". Además de tales virtudes de carácter, el comercio estimula el buen trato hacia otros. (fuente: http://www.elcato.org/node/1287/print)
¿Es esto posible? a decir de los asistentes, si es posible pues según el testimonio de Marly Reátegui, que es docente de profesión, la competencia por brindar un buen servicio estimula a ser mejor, ser eficiente y de calidad y eso es bueno para cualquier ser humano.
En el largo plazo, el comercio recompensa a aquellos participantes que actúan de una manera digna de confianza. Un proveedor que no cumple con las fechas de entrega o un comprador cuyo crédito no es bueno enseguida perderá negocios a manos de competidores con mejor reputación. Dicho de otro modo, no hay un conflicto inherente entre los buenos negocios y la virtud moral, y en un mercado libre y abierto, bajo el imperio de la ley, ambos se complementan (Fuente: http://www.elcato.org/node/1287/print)
Si en nuestro país esto fuera puesto en práctica como regla general nos ahorrariamos muchos problemas.